Se le dictaban hasta 100 palabras, arbitrarias, que se escribian fuera de su vista, é inmediatamente las repetía al revés, al derecho, salteadas y hasta improvisando versos y discursos, sobre temas propuestos, haciéndolas entrar en el orden que habian sido dictadas. Este era uno de sus entretenimientos favoritos en sociedad.
Rafael Hernández, Pehuajó. Nomenclatura de las calles. Breve noticia sobre los poetas argentinos que en ella se conmemoran, Buenos Aires, 1896, p. 88