Borges
Barcelona, 2006
Abstract
Durante cinco décadas de amistad y complicidad literaria, Adolfo Bioy Casares visitó infinidad de veces a Jorge Luis Borges. Este libro es el diario que Bioy fue escribiendo sobre esos encuentros entre 1947 y 1989. El resultado es el retrato más completo y más íntimo de Borges jamás presentado a los lectores y la crónica minuciosa y deliciosa de una amistad legendaria. Bioy y Borges fueron amigos entrañables y compañeros de aventuras literarias. Durante años se reunían todos los días: escribían juntos, trabajaban juntos, paseaban, veraneaban y comían juntos. Con discreción pero con la puntillosidad y la constancia de quien sabe qué está destinado a hacer un aporte fundamental, Bioy anotaba sus impresiones, los diálogos, las consideraciones de su amigo sobre escritores clásicos y contemporáneos, sobre el amor, la amistad, los sueños, la muerte, Dios, el destino, la filosofía, la comida, las mujeres, la política, las costumbres de su época, la idiosincrasia de los pueblos. El presente libro es reflejo de ese intercambio que enriqueció a uno y otro, y torció para siempre el rumbo de la literatura en español. El relato por parte de Bioy de aspectos poco conocidos de la vida de Borges, la transmisión precisa de sus ideas originales y brillantes, el dibujo de su personalidad, en general poco conocida o poco evidente, quedan plasmados en este libro como es posible que no logre hacerlo ninguna biografía. En ese sentido, Bioy Casares es el interlocutor perfecto, como un tamiz hecho a medida para que se luciera la inteligencia del amigo, para dialogar con él en condiciones de igualdad y transmitirlo al papel con talento inigualable.
Quotes from this work
[N]o basta ser antiperonista para ser buena persona, pero basta ser peronista para ser una mala persona.
Come en casa Borges. De una alumna dice: «Como no es linda, ni es fea, esa chica no es nada, logra no existir, logra la ausencia».
Borges recuerda a una muchacha que le dijo: «Esa mañana, en Córdoba, fui a tomar el tren a Contitución (sic)». BORGES: «¿Cómo, en Córdoba, Constitución?». LA MUCHACHA (con impaciencia): «Yo llamo a todas las estaciones /Contitución/». Comentario de Borges: «Inmediatamente me enamoré».
Borges me llama desde su casa y me refiere: «Madre y yo nos volvimos en taxi. Apenas subimos al automóvil, fue como andar en una montaña rusa. El hombre estaba borracho. La última vez que estuvo a punto de chocar fue en la puerta de casa, donde felizmente quedó en llanta. Madre y yo estábamos jadeantes. Entonces el destino nos deparó uno de los momentos más felices de la Historia argentina. Protestando contra todos los que pudo atropellar, el chofer, con voz aguardentera, crapulosa, recitó: “Hijos de Espejo, de Astorgano, de Perón, de Eva Perón, de Alsogaray y de todos los ladrones hijos de una tal por cual”. ¿Te das cuenta? ¡Si un hombre así está con nosotros hay esperanzas para la Patria!»
Vamos a tomar el té a casa. Un chico, que juega al fútbol en la calle, al ver que su pelota corre debajo de mi automóvil, grita: «Adiós, pelota». Borges comenta «Adiós, pelota: toda la ternura y la poesía que hay en esa frase».