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Martín Diego Farrell ¿Debe preocuparnos la brecha entre ricos y pobres? incollection La distinción entre la pobreza entendida como relación y como propiedad es fundamental para evaluar la relevancia ética de la brecha económica. Concebir la pobreza como una relación prioriza la igualdad distributiva, lo cual puede derivar en conclusiones contraproducentes, como rechazar incrementos en la riqueza nacional por el solo hecho de ampliar la distancia entre estratos sociales. En cambio, la pobreza como propiedad se define por la insuficiencia de recursos para satisfacer necesidades básicas, independientemente de la acumulación ajena. Bajo este enfoque, el crecimiento económico y los incentivos capitalistas son herramientas legítimas siempre que mejoren la situación absoluta de los más desfavorecidos, incluso si la desigualdad relativa aumenta. Una sociedad es justa si garantiza la eficiencia —entendida como mejoras paretianas— y la igualdad de oportunidades, tanto negativa como positiva. Una vez satisfecho el umbral de suficiencia y garantizada la movilidad social, la magnitud de la brecha entre ricos y pobres deja de ser un problema de justicia para convertirse en una cuestión de prudencia política y estabilidad social. Por lo tanto, el objetivo primordial de las políticas públicas debe ser la superación de la pobreza material y no la persecución de una igualdad niveladora que pueda desincentivar la producción y el desarrollo. Resumen generado por inteligencia artificial.

¿Debe preocuparnos la brecha entre ricos y pobres?

Martín Diego Farrell

In Martín Diego Farrell (ed.) Una sociedad (relativamente) justa, 2008

Abstract

La distinción entre la pobreza entendida como relación y como propiedad es fundamental para evaluar la relevancia ética de la brecha económica. Concebir la pobreza como una relación prioriza la igualdad distributiva, lo cual puede derivar en conclusiones contraproducentes, como rechazar incrementos en la riqueza nacional por el solo hecho de ampliar la distancia entre estratos sociales. En cambio, la pobreza como propiedad se define por la insuficiencia de recursos para satisfacer necesidades básicas, independientemente de la acumulación ajena. Bajo este enfoque, el crecimiento económico y los incentivos capitalistas son herramientas legítimas siempre que mejoren la situación absoluta de los más desfavorecidos, incluso si la desigualdad relativa aumenta. Una sociedad es justa si garantiza la eficiencia —entendida como mejoras paretianas— y la igualdad de oportunidades, tanto negativa como positiva. Una vez satisfecho el umbral de suficiencia y garantizada la movilidad social, la magnitud de la brecha entre ricos y pobres deja de ser un problema de justicia para convertirse en una cuestión de prudencia política y estabilidad social. Por lo tanto, el objetivo primordial de las políticas públicas debe ser la superación de la pobreza material y no la persecución de una igualdad niveladora que pueda desincentivar la producción y el desarrollo.

  • Resumen generado por inteligencia artificial.

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