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Peter Singer Hambre, riqueza y moralidad inbook El sufrimiento y la muerte derivados de la carencia de alimentos, refugio y asistencia médica constituyen males evitables que generan una obligación moral imperativa para quienes poseen recursos excedentes. Bajo la premisa de que debe prevenirse un daño grave siempre que no se sacrifique algo de importancia moral comparable, la ayuda humanitaria deja de ser una opción generosa para convertirse en un deber estricto. Esta responsabilidad no disminuye por la distancia geográfica del afectado ni por la inacción de otros individuos en circunstancias idénticas. Por tanto, la categorización tradicional que distingue entre el deber y la caridad es errónea; el gasto en bienes superfluos en lugar de la mitigación de la miseria extrema es moralmente injustificable. Una aplicación rigurosa de este principio exige cambios estructurales en los patrones de consumo y en la organización social de las naciones ricas, desplazando el enfoque desde la generosidad opcional hacia la exigencia ética básica. Aunque factores como la responsabilidad gubernamental o el crecimiento demográfico influyen en la logística de la ayuda, no anulan la obligación individual de actuar para reducir el sufrimiento global hasta alcanzar, idealmente, el punto de utilidad marginal. La validez de un esquema moral se fundamenta en la capacidad de guiar la conducta práctica hacia la prevención de catástrofes humanas, independientemente de las convenciones sociales vigentes. - Resumen generado por inteligencia artificial.

Hambre, riqueza y moralidad

Peter Singer

Una vida ética, 2002, pp. 135-147

Abstract

El sufrimiento y la muerte derivados de la carencia de alimentos, refugio y asistencia médica constituyen males evitables que generan una obligación moral imperativa para quienes poseen recursos excedentes. Bajo la premisa de que debe prevenirse un daño grave siempre que no se sacrifique algo de importancia moral comparable, la ayuda humanitaria deja de ser una opción generosa para convertirse en un deber estricto. Esta responsabilidad no disminuye por la distancia geográfica del afectado ni por la inacción de otros individuos en circunstancias idénticas. Por tanto, la categorización tradicional que distingue entre el deber y la caridad es errónea; el gasto en bienes superfluos en lugar de la mitigación de la miseria extrema es moralmente injustificable. Una aplicación rigurosa de este principio exige cambios estructurales en los patrones de consumo y en la organización social de las naciones ricas, desplazando el enfoque desde la generosidad opcional hacia la exigencia ética básica. Aunque factores como la responsabilidad gubernamental o el crecimiento demográfico influyen en la logística de la ayuda, no anulan la obligación individual de actuar para reducir el sufrimiento global hasta alcanzar, idealmente, el punto de utilidad marginal. La validez de un esquema moral se fundamenta en la capacidad de guiar la conducta práctica hacia la prevención de catástrofes humanas, independientemente de las convenciones sociales vigentes. - Resumen generado por inteligencia artificial.

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